Un chico llamado David Copperfield

¿Qué se puede pensar de una persona cuya felicidad cuando niño se vió interrumpida por gran cantidad de calamidades?

Fácil. Tal vez la respuesta más común es que no pudo haber sido alguien como Charles Dickens. Sin embargo, al llegar a esta vaga conclusión nos encontraríamos en un grave error.

Sí, cierto es que después de la lluvia sale el sol, y así pasó para Charles. Tuvo una infancia difícil, y todo comenzó cuando su padre fue preso a causa de deudas que no podía pagar y su hogar tuvo que ser vendido.

La mayor parte de su infancia la pasó con una completa desconocida en Londres, educándose en la literatura y en todo lo demás que el conocimiento humano podía ofrecer a alguien de su edad. Un niño de 10 años.

Ese fue el punto crucial para él. Le tomó un inmenso cariño a los clásicos y su creatividad comenzaba a aflorar.

Al retornar con su familia, se vió envuelto en una difícil decisión, decisión en la que él no tuvo oportunidad de influir. Consiguió un empleo en el que la paga le ayudaba a solventar ciertos gastos familiares. Cabe decir que esta fue su principal y única inspiración para escribir su excelsa obra David Copperfield.

Comenzó a escribir para abogados, momento en el que entendió que escribir sería gran parte de su vida adulta.

Al principio escribía cuentos, los cuales se dedicaba a relatar en lugares concurridos, y vaya que le pagaban muy bien por eso.

Charles era una persona que, toda su vida, sintió profunda vergüenza y pena por la pobreza en la cual había vivido su etapa (que se suponía) debía ser la mas bella y llena de amor.

Tuvo tal tacto que en todos sus libros dejó cierta marca de tristeza, sufrimiento y miedo.

Podemos darnos cuenta, por ejemplo, al momento de leer El Grillo del Hogar, en donde se representa la vida de tres familias: una pobre, una de clase media y una rica.

Es aquí en donde apreciamos completamente el concepto que él concebía sobre la igualdad y la fricción que siempre tuvo con la pobreza.

Hombres como él han existido muy pocos.

En caso de que aún no hayas leído nada de lo que el escribió, mi recomnedación es que lo hagas ya. No dejes pasar más tiempo.

 


Charles John Huffam Dickens

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