Lidiar con la depresión

Me gustaría aprovechar el espacio de hoy para hablar sobre un tema que pocos tocan o se atreven a tocar, ya sea por miedo, vergüenza o la falsa idea de que la persona se encuentra sola en este inmenso mundo.

La depresión no es broma y es algo que se debe abordar y resolver en cuanto se detecta, ya que la persona que la sufre corre un grave peligro al no pensar ni actuar en sus plenos sentidos.

No voy a hablar de esto como si fuese ajeno al problema, ya que lo he sufrido en carne propia y es muy difícil encontrar solución solo.

Cuando la persona se encuentra deprimida, por lo general, se aleja de todo cuanto le importa por temor a dañar al prójimo.

Lo que viví (y muchas personas viven día a día) no me hace especial pero si me da la oportunidad de comunicar lo que sentí para que, al menos, las demás personas que estén pasando por un momento parecido reflexionen y concluyan en que siempre hay una salida.

Hubo un tiempo en que muchos aspectos en mi vida perdieron balance, mis padres estaban pasando por una etapa muy complicada, sentía que no tenía amigo alguno y mis sentimientos estaban siendo minimizados por nadie más que por mí mismo.

Pensé que no valía la pena existir y que simplemente mi vida completa era un error que ni siquiera valía la pena enmendar. Cargué con muchos problemas que no eran míos inicialmente por mucho tiempo, no atendí mis sentimientos a tiempo y decidí ocupar la mayor parte de mi tiempo en pensamientos negativos y sin sentido.

No fue nada agradable pasar por ese lapso porque me aleje de muchas cosas que me hacían sentir bien creyendo que eso era lo mejor para todos. Dejé de hablar con mis amigos, no asistía a ninguna reunión por miedo, por pena.

Lo más difícil de todo esto fue tratar de disimularlo y buscar en algún lugar de mí ser alguna sonrisa para usarla en público.

Por mi cabeza pasaban miles de cosas y ninguna de ellas me hacía sentir mejor. Sabía que si quería salir del estado en el que me encontraba debía encontrar fuerza de voluntad en algún recóndito lugar pero siempre me empeñé en no buscarlo y dejar que esos sentimientos crecieran cual bomba de tiempo.

Esa fue la peor decisión que pude tomar.

Era relativamente fácil salir de ese hoyo pero no lo es para quien sufre depresión.

Es menester decir que hay diferentes tipos de depresión, desde aquella que se libra con una buena charla hasta aquella que requiere más tiempo y participación de todos, principalmente de quien la sufre.

Muchos de mis compañeros minimizaban lo que sentía y hasta me parecía que hacían mofa de mi conducta, una muy retraída y ausente de esta realidad.

Considero que fui tonto al no apreciar lo que la vida me había dado hasta ese momento y pensar que no valía la pena ni el esfuerzo seguir adelante.

Ahora las cosas han cambiado positivamente. Me siento mejor, siento felicidad de nuevo aunque, he de admitir, que algunas veces recaigo en todos esos pensamientos que inundaban mi mente e infectaban mis sentimientos.

¿Cuál fue la respuesta? Hablar.

Habemos personas a las que la charla física se nos dificulta bastante pero siempre hay manera de depurar todo aquello que nos inquieta y sentimos. Para mí fue escribir en un trozo de papel lo que me hacía sentir mal y la razón por la que eso (lo que fuese) tenía ese efecto en mi. Lo difícil aquí fue lidiar solo con eso. Dejé pasar muchas cosas, oportunidades y experiencias positivas por miedo. Por temor.

Eso es lo que se debe hacer. Intentar cambiar nuestra manera de pensar y tener muy claro que, aunque creamos estar solos, siempre existirá ese amigo, familiar o situación que nos dé un poco de luz y un camino que seguir.

Sentir vergüenza por lo que somos es una pérdida de tiempo y de energía. Tendemos a creer que somos mucho más pequeños e insignificantes de lo que realmente somos. Muchas veces una palabra o acción de alguien a quien queremos con toda el alma nos hace creer eso y no está bien. No dejes que nadie te diga lo que «eres» porque nadie lo sabe con más exactitud que tu.

Este es un pequeño relato pasando por alto muchas cosas que sentí y pensé que no tiene caso plasmarlas aquí.

Si conoces a alguien con depresión extiende tu mano.

Si tú, quien está leyendo esto, sufre depresión o estás pasando por un proceso parecido, busca ayuda. La vida es muy corta para desperdiciarla creyendo algo que no es cierto.

Habla y entiende que no puedes hacerlo todo tu solo.

Siempre existe un margen de error y tu no eres parte de el.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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